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Castillo de Mataplana

Aunque parezca increíble las ruinas de este castillo medieval no se descubrieron hasta hace 25 años. La familia de los Mataplana eran “vigilantes de frontera” y a partir del siglo XV pasaron a ser condes siendo el primero el Arnau de la leyenda. Era una época de guerras con Sicilia, de frio, hambre y los señores feudales grababan con fuertes tributos a los campesinos y eran considerados “malos señores”. El conde Arnau fue uno de ellos. Convirtió la capilla del castillo en cuadra –lo que le enemistó con muchos- y pidió dinero a los judíos con lo que se endeudo. En 1355, cuando murió, a su hijo solo le dejo deudas y tuvo que vender el castillo que acabo en manos de monjes a quienes interesaba más la finca agraria.  En 1428, debido a un  terremoto, el castillo se abandono, sus piedras se utilizaron para otras construcciones y el lugar se cubrió de tierra y árboles. Los alrededores recuerdan las andanzas del conde destacando un bello pozo (Gorg dels Banyuts) donde dicen que murió ahogado y que es también una entrada a los infiernos, siendo por ello muy temido por las gentes. 

Santuario de Montgrony

Situado cerca de Gombrèn, sobre un acantilado a 1.400 metros de altitud es conocido lugar de escalada. A Mogrony se le consideró la “Covadonga catalana” donde –en el siglo VIII- comenzó la “reconquista” y se establecieron las primeras marcas hispánicas. En el IX empiezan a fundarse monasterios y comienza la repoblación y las leyendas, como la de Otger Cataló y los Nueve Barones de la Fama que disputan las tierras al rey y se las arrebatan a los musulmanes. Con el tiempo la leyenda de Otger se pierde y gana terreno la de Arnau. En el santuario se venera una Virgen Negra –la de la Buena Leche- resto de antiguos ritos de fertilidad y ante la que se le siguen ofreciendo exvotos. Su historia es parecida a la de la Virgen de Nuria y al igual que aquella estaba oculta bajo una campana. La encontraron unos bueyes en el 804 (la antigua se carbonizó en un incendio y sus restos se guardan dentro de la actual).

Para llegar al santuario hay que subir 144 escalones, la mayor parte tallados en piedra, que fue el encargo del conde a sus súbditos y que luego se negó a pagar. Arriba del santuario queda la iglesia de San Pere que es románica del XII y daba servicio a numerosas parroquias. Un sendero conduce hasta una cueva que no consiguió ser explorada por espeleólogos hasta el pasado siglo, pues los campesinos creían que era otro de los pasadizos por donde el conde Arnau iba y volvía del infierno. El centro de Interpretación de Montgrony se centra en estas y otras  leyendas 

Monasterio Sant Joan de les Abadesses

Fundado en el IX (aunque la construcción es del XII) por Wifredo el Velloso que puso como primera abadesa a su hija Emma. En el se encuentra el Santísimo Misterio el grupo escultórico de bulto más importante de la estatuaria románica en Cataluña; esta hecho en madera y en un impresionante Descendimiento. Durante siete siglos la cabeza del Cristo conservó –en un pequeño relicario en la frente- una hostia incorrupta. En el centro del claustro hay una pila bautismal, sobre un pozo que el pueblo tapió pues creían que por allí entraba el conde Arnau en el monasterio. Al lado el Palacio de los Abades (del siglo XV), el primer Centro de Interpretación del Conde Arnau inaugurado en el 2010 (hay otro en Mogrony y un tercero en Ripoll). Desde hace 17 años se viene haciendo la representación del Conde Arnau. En la plaza de San Joan, sobre un antiguo cementerio, se alza la llamada estatua de la Discordia que para unos es el conde Wilfredo y para otros el mismo Arnau; en 1927 el obispo se negó a bendecirla por si acaso.

La leyenda del Comte Arnau

En tierras catalanas, en el Alto Ripollés, sobre todo por Ripoll, Sant Joan de les Abadesses, Gombrèn, Mogrony y Mataplana es muy conocida la canción y la leyenda del conde Arnau.

Toda nación tiene mitos que explican su identidad y la historia del conde Arnau es un resumen del feudalismo catalán que tuvo su nacimiento por estas tierras, donde una nobleza guerrera lucho contra la morisma reconquistando las tierras, que luego los monjes se encargaron de colonizar desde los monasterios. Fue el pueblo quien extendió la leyenda y quien engrandeció la temible figura de aquel personaje que tuvo existencia real y que debió ser conde de Pallars y barón de Mataplana.

Cerca del santuario de Mogrony se encuentran las ruinas, olvidadas durante siglos, del castillo de Mataplana que el levantó y fortifico, y donde dicen acabó sus días. Héroe unas veces, guerrero otras, inmortal, lascivo y cruel, su alma en pena se cree que cabalga los campos -durante dos horas cada día- en un caballo negro, acompañado de perros para volver a los infiernos a las doce en punto de la noche.

Una canción acabó transformando al conde en personaje legendario y en uno de los mitos nacionales de Cataluña. La leyenda se trasmitió oralmente durante siglos y fue muy tarde –ya en el siglo XX- cuando investigadores del folklore la recogieron.

Curiosamente su condena a los infiernos no fue causa de su vida disoluta y malvada sino por no pagar a sus súbditos unas cantidades de trigo que les había prometido por hacer trabajos. Otros “pecados”, como la relación sacrílega con las monjas de Sant Joan de les Abadesses –algo imposible pues estas dejaron el monasterio tres siglos antes de la existencia real del conde, “ayudó” a extender su fama.

Joan Maragall, el gran poeta catalán, pasaba largas temporadas en San Joan de les Abbadeses y quedó impresionado por la leyenda a la que investigó durante diez años y en su libro el conde –al igual que pasó con Fausto o Don Juan- alcanza la salvación gracias a una inocente joven. Más tarde Joan de Segarra en su obra le condena para toda la eternidad.

Los escenarios del Comte Arnau